aquella luna

Hace más de diez años eché a rodar una luna de papel. Hoy, bajo la luz de otra luna, quise rescatar del olvido a aquella.

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Nombre: virgi

Emerjo del mar. Voy escondiendo mi ser acuático hasta adquirir apariencia de mujer, pero en cada encuentro me invade la ola que fui. Me acerco y me alejo como las mareas y me pregunto qué color tendrá la quietud. Muchos miran el mar y respiran calma, así miro yo la tierra en busca de un minuto de paz.

domingo, enero 02, 2005

que te quiero verde

Hay árboles que crecen con dificultad. Puede vérselos cargados de ramas indecisas y hojas vapuleadas por los vientos. Hay árboles que crecen imponentes, vigorosos, con una clara vocación de alcanzar el espejismo del cielo. Hay árboles de raíces a la vista, como si precisaran que todo el mundo sepa de donde vienen.
Hay árboles generosos, que desparraman sombra y cobijo; otros esconden sus heridas, como si mostrarlas les produjera un nuevo dolor. Hay árboles solitarios, que sostienen su voz en medio de un claro. Algunos, en cambio, crecen enredados con otros, y quizás nunca conocieron otra forma de ser árbol. Hay árboles que tuercen su camino inexplicablemente, como si una súbita confusión les hubiera hecho creer que el norte y el oeste son distintas vías para llegar al mismo lado. Hay árboles que crecen soberbios y no permiten nada a su alrededor. Hay otros, al contrario, que protegen a los más pequeños, más débiles o simplemente más necesitados. Hay árboles que agonizan y renacen, hay árboles que le hacen frente a todas las tormentas, hay árboles que entristecen y árboles que reconfortan...
Yo tengo un árbol. O, mejor dicho, convivo con un árbol que está en la casa desde antes de que yo llegara. Tiene una historia que desconozco, pero es fiel como no lo ha sido nada nunca. Ha visto mis mejores y peores mañanas, ha sido compañero de alguna de mis noches más negras, en las que casi dejé un surco caminando en busca de una explicación a alguna cosa. Pero tampoco ha faltado a ninguna de mis fiestas, presente a su manera con una guirnalda o enarbolando una luz. Siempre que fui con alguna pregunta, supo mostrarme alguna respuesta: su generosidad es ilimitada; su sabiduría silenciosa, inagotable. Hace mucho tiempo que me inspira un agradecimiento profundo: yo casi no le he dado nada más que mi mirada, alguna caricia, apenas unos momentos de compañía en tardes lluviosas. Y sin embargo, no me falla, resiste dificultades, insistentemente me regala sus flores y sus pájaros. No me juzga, no me condena por mis errores, y haga lo que haga, está a mi lado. Le doy lo que puedo, me brinda lo que es. Si eso no es amor ¿cómo se llama?

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