aquella luna

Hace más de diez años eché a rodar una luna de papel. Hoy, bajo la luz de otra luna, quise rescatar del olvido a aquella.

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Nombre: virgi

Emerjo del mar. Voy escondiendo mi ser acuático hasta adquirir apariencia de mujer, pero en cada encuentro me invade la ola que fui. Me acerco y me alejo como las mareas y me pregunto qué color tendrá la quietud. Muchos miran el mar y respiran calma, así miro yo la tierra en busca de un minuto de paz.

domingo, enero 02, 2005

fríos de sábado por la noche

Un hombre solo en una ciudad inhóspita se asoma a su balcón. Cientos de ventanas responden esa noche a su mirada, encendidas todavía. En cada una imagina una familia sentada a la mesa, imagina un encuentro de amantes, imagina un abuelo con su nieto, imagina una mujer acunando a su bebé. Lo que no puede imaginar es un hombre solo.
Un hombre solo en una ciudad inhóspita se acuesta en su cama. Recuerda cuando jugaba a saltar en su colchón. Recuerda cuando compartía el cuarto de su infancia. Recuerda cuando compartía la almohada con perfume de mujer. Lo que no puede recordar es cómo hacer para estar solo.
Un hombre solo en una ciudad inhóspita se queda dormido. Sueña que corre por oscuros pasadizos, sueña que la garganta se le desborda de voces, sueña sus pasos en el pasto, sueña que salta al vacío, que flota y que se ríe. Lo que no puede soñar es despertarse solo.
Un hombre solo en una ciudad inhóspita abre los ojos en la mitad de la noche. Se levanta, cruza la puerta y sale. La luna lo acompaña por calles solitarias, lo alumbra en el cordón de la vereda. Él le dispara lágrimas y preguntas. Lo que no puede hallar son las respuestas.
El hombre solo en la ciudad inhóspita emprende el camino de regreso. Pero inesperadamente se cruza con unos ojos de mujer: la mirada lo abraza y lo rescata, el amor lo despierta. Ahora sus pasos tienen abrigo y vuelve a mirar el cielo estrellado y se le ocurre pensar que si hay algo que en el Universo no hay, es soledad. Y ahora recuerda y ahora sueña y ahora tiene un mañana. Y ahora sí, puede imaginar un hombre solo. Imagina un hombre solo en un balcón y quisiera buscarlo para decirle que se equivoca. Quisiera encontrarlo para decirle que hay ciudades inhóspitas y dolores inexplicables pero no importa cuánto frío haga, cuánta noche
siempre en algún lugar
hay alguien,
hay otro.

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