próximamente
Cinco años viví en un pueblo. Como fueron los primeros cinco, esa parte de mi memoria está sostenida más por lo que me contaron que por los hechos que yo misma puedo recordar, pero hay algunas sensaciones que siempre me remiten a ese lugar de un modo inmediato, indubitable y certero: el aroma a manzanilla, el sonido del tren, los árboles en la vereda con sus troncos pintados de blanco, el olor del pasto mojado y a veces, ese sol apabullante que dejaba como talladas las huellas en el barro.
Últimamente, sin embargo, otro tipo de circunstancias son las que me desencadenan esa extraña sensación de estar en aquel pueblo. Es un “no se qué” que se produce en el encuentro con otros, digamos por ejemplo, cuando el colectivero entre el tránsito y los pasajeros, se hace un momento para contestarme los buenos días, cuando veo en el subte una adolescente charlando como viejos amigos con el chico que reparte estampitas, cuando tengo tiempo para comentar con un vecino de lo perdidos que andan los bueyes, en fin, cuando me siento prójimo por el solo hecho de estar ahí. Cuando el de al lado es mi prójimo sin más requisito que estar cerca. Cuando somos prójimos sin importar el nombre, la ocupación, los antecedentes; más allá de la ropa, el sexo o la edad. Como si por un momento recuperáramos una hermandad perdida y recordáramos la fuerza de nuestras semejanzas más allá de las diferencias.
Es como una flor en un páramo, casi un milagro. El desafío es transformar el páramo en vergel.
Últimamente, sin embargo, otro tipo de circunstancias son las que me desencadenan esa extraña sensación de estar en aquel pueblo. Es un “no se qué” que se produce en el encuentro con otros, digamos por ejemplo, cuando el colectivero entre el tránsito y los pasajeros, se hace un momento para contestarme los buenos días, cuando veo en el subte una adolescente charlando como viejos amigos con el chico que reparte estampitas, cuando tengo tiempo para comentar con un vecino de lo perdidos que andan los bueyes, en fin, cuando me siento prójimo por el solo hecho de estar ahí. Cuando el de al lado es mi prójimo sin más requisito que estar cerca. Cuando somos prójimos sin importar el nombre, la ocupación, los antecedentes; más allá de la ropa, el sexo o la edad. Como si por un momento recuperáramos una hermandad perdida y recordáramos la fuerza de nuestras semejanzas más allá de las diferencias.
Es como una flor en un páramo, casi un milagro. El desafío es transformar el páramo en vergel.
Como en aquellos años de la infancia, cuando la familia era el mundo y siempre había amparo para las tormentas, a veces el mundo puede parecerse a una familia. ¿No sería una pena que no lo aprovecháramos?
Prójimo: cualquier hombre respecto de otro.
Próximo: cercano, que dista poco en el espacio o en el tiempo.
Semejante: Aplicado a las personas, significa parcial, allegado, pariente.
Prójimo: cualquier hombre respecto de otro.
Próximo: cercano, que dista poco en el espacio o en el tiempo.
Semejante: Aplicado a las personas, significa parcial, allegado, pariente.

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