Sume (octubre 2001)
Nunca me costó tanto escribir La Nota, esta conversación que mantenemos mes a mes y que generalmente comienza en estas páginas para continuar en la calle, en un negocio, por teléfono o por mail. No se imagina qué difícil es hilvanar ideas esta vez. Por eso, como si estuviera con un amigo en un café, voy a compartir con usted algunos botones despegados y espero que me ayude a encontrarles su lugar en el abrigo.
Mientras revuelvo el azúcar, le cuento que estoy invadida por el panorama mundial, por los sucesos del 11 de setiembre, por la tristeza y también por todo lo que de algún modo ponen sobre el tapete (la miseria, el abuso de poder, la violencia, la injusticia, la indiferencia…) Demasiados sentimientos se mezclan y ya he escuchado tantas palabras que muchas veces sólo pido un poco de silencio.
Me estoy tomando el primer sorbo un 2 de octubre, justamente el día en el que nacía Gandhi 132 años atrás. Un hombre que peleó por sus convicciones sin abandonar jamás la vía pacífica: decía que era más importante el modo en que actuábamos que lo que conseguíamos. Y lo llamaron Mahatma, “alma grande”.
Quizás usted saboree su taza cerca del 9 de octubre y recuerde entonces que se cumplen 61 años de otro nacimiento: el de John Lennon. Un hombre que soñaba con la paz, autor de “Imagine”, canción en la que habla de un mundo sin países, ni religiones ni posesiones que separen a los hombres, sin “nada por lo que morir o matar”. Y ese tema que recorrió y recorre el mundo y los idiomas, fue entonado por una multitud en las calles de Nueva York, días después del atentado.
El mes pasado, antes de que todo esto se desencadenara, conversábamos acerca de recuperar una hermandad perdida, de recordar la fuerza de nuestras semejanzas. Dígame usted si no hay algo que une todo en este instante, atravesando distintos espacios y tiempos, a Gandhi, a Lennon, la nota de setiembre, a usted y amí… porque da la casualidad que el silencio en el que escribo se ve interrumpido por el canto de un zorzal, que va y viene en el patio de este bar reuniendo hojas y ramas para construir su nido. Pidamos otro café y escuchemos… porque creo que está tratando de decirnos algo.
Mientras revuelvo el azúcar, le cuento que estoy invadida por el panorama mundial, por los sucesos del 11 de setiembre, por la tristeza y también por todo lo que de algún modo ponen sobre el tapete (la miseria, el abuso de poder, la violencia, la injusticia, la indiferencia…) Demasiados sentimientos se mezclan y ya he escuchado tantas palabras que muchas veces sólo pido un poco de silencio.
Me estoy tomando el primer sorbo un 2 de octubre, justamente el día en el que nacía Gandhi 132 años atrás. Un hombre que peleó por sus convicciones sin abandonar jamás la vía pacífica: decía que era más importante el modo en que actuábamos que lo que conseguíamos. Y lo llamaron Mahatma, “alma grande”.
Quizás usted saboree su taza cerca del 9 de octubre y recuerde entonces que se cumplen 61 años de otro nacimiento: el de John Lennon. Un hombre que soñaba con la paz, autor de “Imagine”, canción en la que habla de un mundo sin países, ni religiones ni posesiones que separen a los hombres, sin “nada por lo que morir o matar”. Y ese tema que recorrió y recorre el mundo y los idiomas, fue entonado por una multitud en las calles de Nueva York, días después del atentado.
El mes pasado, antes de que todo esto se desencadenara, conversábamos acerca de recuperar una hermandad perdida, de recordar la fuerza de nuestras semejanzas. Dígame usted si no hay algo que une todo en este instante, atravesando distintos espacios y tiempos, a Gandhi, a Lennon, la nota de setiembre, a usted y amí… porque da la casualidad que el silencio en el que escribo se ve interrumpido por el canto de un zorzal, que va y viene en el patio de este bar reuniendo hojas y ramas para construir su nido. Pidamos otro café y escuchemos… porque creo que está tratando de decirnos algo.

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