presente
Esencial: que constituye la naturaleza de las cosas,
lo permanente e invariable en ellas,
lo primordial.
Para las mariposas, transformarse. Para las golondrinas, migrar. Para el jazmín, florecer.
Es accidental la heladera, la televisión por cable, el tránsito. Es esencial el abrazo.
Es accidental la luz eléctrica, el calefón, los cigarros. Es esencial la risa.
Es accidental el noticiero, esa ráfaga cotidiana. Es esencial la caricia.
Es accidental el peso de los fracasos. Es esencial la esperanza.
Es accidental el reconocimiento, la felicitación, el aplauso. Es esencial la convicción.
Es accidental la soledad. Es esencial el amor.
Es accidental la ropa que tengo, el maquillaje que uso, los lentes que no compré. Es esencial que haya alguien del otro lado del espejo.
Es accidental la decepción, la frustración, el miedo. Es esencial el aprendizaje.
Es accidental esta arruga del alma. Es esencial el viento que despeja.
Es accidental un manchón en el corazón. Es esencial la serenidad del alma.
Es accidental el tropiezo y la herida. Es esencial ponerse de pie.
Es accidental este obstáculo, esa barrera. Es esencial mirar lejos.
Es accidental el naufragio, este bote y aquel remo destruido. Es esencial el norte, o el sur, la travesía.
Es accidental esta lluvia o este frío. Es esencial el faro, el abrigo de la luz.
O quizás sólo sea esencial este instante, en el que escribo mientras escucho reir a mis hijos, en el que levanto palabra por palabra las maderas de este puente mientras trato de imaginar cómo será la lista que usted haría, sus hechos accidentales y sus hechos esenciales, si será parecida a la mía, si usted también cuando la vida le pisa el freno se pone a hacer cuentas emocionales y descubre, mirando un poco, qué bello regalo es estar vivo, sentir el sol, amar estas cosquillas que indefectiblemente, siempre, nos hacen caminar. Este instante.
lo permanente e invariable en ellas,
lo primordial.
Para las mariposas, transformarse. Para las golondrinas, migrar. Para el jazmín, florecer.
Es accidental la heladera, la televisión por cable, el tránsito. Es esencial el abrazo.
Es accidental la luz eléctrica, el calefón, los cigarros. Es esencial la risa.
Es accidental el noticiero, esa ráfaga cotidiana. Es esencial la caricia.
Es accidental el peso de los fracasos. Es esencial la esperanza.
Es accidental el reconocimiento, la felicitación, el aplauso. Es esencial la convicción.
Es accidental la soledad. Es esencial el amor.
Es accidental la ropa que tengo, el maquillaje que uso, los lentes que no compré. Es esencial que haya alguien del otro lado del espejo.
Es accidental la decepción, la frustración, el miedo. Es esencial el aprendizaje.
Es accidental esta arruga del alma. Es esencial el viento que despeja.
Es accidental un manchón en el corazón. Es esencial la serenidad del alma.
Es accidental el tropiezo y la herida. Es esencial ponerse de pie.
Es accidental este obstáculo, esa barrera. Es esencial mirar lejos.
Es accidental el naufragio, este bote y aquel remo destruido. Es esencial el norte, o el sur, la travesía.
Es accidental esta lluvia o este frío. Es esencial el faro, el abrigo de la luz.
O quizás sólo sea esencial este instante, en el que escribo mientras escucho reir a mis hijos, en el que levanto palabra por palabra las maderas de este puente mientras trato de imaginar cómo será la lista que usted haría, sus hechos accidentales y sus hechos esenciales, si será parecida a la mía, si usted también cuando la vida le pisa el freno se pone a hacer cuentas emocionales y descubre, mirando un poco, qué bello regalo es estar vivo, sentir el sol, amar estas cosquillas que indefectiblemente, siempre, nos hacen caminar. Este instante.

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